dimarts, 11 de gener de 2011

GIBRALTAR ESPAÑOL

Con lo que pasó el lunes día 10 de enero del 2011 con el Balón de Oro es la segunda vez que nace en mí un sentimiento españolista que me tiene verdaderamente preocupado. La primera vez sucedió cuando España ganó el mundial este verano pasado; la fiebre españolista me afectó tanto que me arropé con una bandera y una bufanda con los colores de España – los de la República, claro- y llegué a tararear el himno de España – el de la República, claro-, y en el instante en que España ganó el mundial, la fiebre nacionalista se me subió tanto hasta las meninges que, como un poseso, me puse a gritar a grito pelado: “Gibraltar español". Lo que provoca el futbol!

Pero, no, sucede que el lunes susodicho tuve otro ataque de españolitis, y cuando observé que a ningún jugador y entrenador español le dieron nada volví a asomarme al balcón y, de nuevo, como un orate empecé a gritar aquello de “Gibraltar español”, que es lema que más nos une a los habitantes de este país llamado España y que es propiedad de los bancos. Pero no se detuvo aquí mi afán españolista, no; estuve tentado de hacer una llamada para que invadiéramos militarmente a esa Europa que tanto nos odia y al mismo tiempo nos envidia, y les diéramos una lección de hombría, y para ello hubiera sugerido enviar a la Legión, con la cabra delante, eso sí.